DEBEMOS
INCREMENTAR EL GASTO DEL ESTADO, EN EL PRESUPUESTO NACIONAL PARA ALCANZAR EL
PLENO EMPLEO.
En nuestro gobierno prevalece la
visión dominante neoliberal del gasto Estatal como imprudente, desastroso e
irresponsable, simplemente porque aumenta el déficit. La opinión popular, construida por los sectores dominantes, da por
sentado que un presupuesto equilibrado produce beneficios económicos.
Por Cesar Crocitta para Grupo Bolívar y Pymes para el
Desarrollo Nacional. (26/7/2022)
Recientemente el FMI reclama a la Argentina que el presupuesto Nacional contemple un nivel de déficit fiscal de 3,3 puntos del PBI. La ministra Silvina Batakis, manifiesta que se van a cumplir las metas acordadas con el FMI. Algunas reflexiones sobre como funciona el dinero en la economía, más allá de las recetas coloniales.
En 2022 EEUU contempla un déficit fiscal de 13.4 del PBI. Inglaterra del 10,4, Japón en 2020 tuvo un déficit de 12.7.
El gasto público es la
herramienta de la que disponen los Estados para que el gasto total en la
economía sea tal que permita una regulación guiada por los objetivos de pleno empleo y estabilidad de precios. El Estado
es el único agente que, a través de su relación con su Banco Central, está
capacitado para proveer a los agentes privados de los activos financieros
(préstamos) que demanden.
Técnicamente, no existe una restricción financiera para el gasto público. Las políticas dictadas por el FMI son las que condicionan estas políticas de pleno empleo. Es evidente que el nivel de gasto publico proyectado, en el Presupuesto Nacional no tiene como objetivo alcanzar el pleno empleo. Podemos afirmar que tampoco tiene la intención de disminuirlo sensiblemente.
Las empresas no producen porque no tienen la certidumbre de poder dar salida a los bienes y servicios producidos. Como dijimos antes, que los bancos presten no depende de la disponibilidad de depósitos.
La política monetaria y fiscal debe estar alineada con el objetivo de alcanzar rápidamente el pleno empleo.
Hay que asignar los recursos para poner en marcha todos los proyectos, que demanden pocas divisas y permitan generar empleo y riqueza. Estas políticas motivarán la demanda y el crecimiento del empleo privado. Mientras haya desocupados y recursos ociosos, no se generarán presiones inflacionarias.
El desempleo es, entonces, una cuestión política. Es necesario coordinar la política monetaria con la política fiscal. Es el mecanismo efectivo para enfrentar un problema que surge de la falta de gasto en la economía. En los países con soberanía monetaria, como el nuestro, el dinero es una creación del Estado.
Stephanie Kelton, en su libro El Mito del déficit nos dice “El problema no es el déficit en sí. Si tienes una economía deprimida es porque está hambrienta de demanda, necesita clientes. Los altos niveles de desempleo son un reflejo de la escasa demanda de una economía. Para reducir el desempleo necesitas negocios que contraten a más personas. ¿Qué es lo que hace que los negocios quieran contratar a más gente? Que estén inundados de clientes y abrumados por una alta demanda de lo que producen y venden. ¿Cómo aumentas la demanda para que aumente la necesidad de mano de obra? Una manera de hacerlo es que el gobierno gaste más. A los negocios no les importa de dónde viene la demanda, las cajas registradoras no discriminan.
El déficit es solo una manera que tiene el gobierno de proveer esta demanda. Los gobiernos pueden recortar impuestos o aumentar el gasto. Digamos que aumentan el gasto, esto se traduce en un incremento de los ingresos y, por lo tanto, debería aumentar la demanda.
Supongamos que el déficit aumenta, ¿y qué? Cuando hay déficit el gobierno está haciendo una contribución financiera al resto de la economía. Si un gobierno gasta 1000 pesos en la economía y solo recupera 900 a través de los impuestos, hay un déficit de 100 pesos, pero para la Teoría Monetaria Moderna, alguien se ha quedado con esos 100 pesos.
El déficit se convierte en un excedente en otras partes de la economía. Si un gobierno acarrea grandes déficits, haciendo contribuciones más y más grandes al resto de la economía y la gente que ingresa ese dinero lo gasta, se multiplica el efecto, aunque se podría potencialmente superar la capacidad de recursos disponibles y recién ahí tendríamos un problema de inflación.” La Argentina esta muy lejos de la posibilidad de que escasee mano de obra o recursos productivos.
Stephanie Kelton, afirma los gobiernos primero gastan y después pueden cobrar impuestos o pedir prestado en cantidades que coincidan con sus gastos o no.
La diferencia es un saldo presupuestario. Que esta sea la secuencia real no es cuestionado por nadie. Kelton también afirma que la elección, si cobran impuestos o toman prestado para compensar la cantidad que han gastado, es una opción de la política. Un gobierno con soberanía monetaria nunca se quedará sin dinero y siempre tendrá capacidad para pagar sus deudas, en su propia moneda.
No es la deuda en la propia moneda, sino la deuda en moneda extranjera, la que amenaza la prosperidad y la sostenibilidad de las naciones. Todas las economías tienen recursos limitados. Esto significa que tienen una cantidad limitada de recursos disponibles, los naturales, la mano de obra calificada, la infraestructura económica existente, las divisas, etc.
Este conjunto de recursos, es la única restricción y el dinero es un instrumento para su dinamización. Lo realmente decisivo son los recursos reales y la capacidad productiva (hoy en general muy infrautilizada).
La Corriente del pensamiento económico dominante ha puesto el foco de la política fiscal, en los déficits presupuestarios y la deuda del Estado en su propia moneda, no en los costos y beneficios económicos reales.
Una vez que nos demos cuenta de que el déficit no puede presentar ningún riesgo financiero, será evidente que los programas de gasto deben evaluarse en función de sus beneficios económicos reales y compararse con sus costos económicos reales.
EL DEFICIT FISCAL
❑ Los déficits fiscales públicos no son malos ni
buenos, sino un mero registro contable.
❑ La bondad de un saldo presupuestario debe
juzgarse en función de los resultados obtenidos en TÉRMINOS DE BIENESTAR DE
LA POBLACIÓN.
Con un diseño de la política fiscal que priorice objetivos como el pleno empleo con estabilidad de precios, el déficit fiscal se convierte en una variable residual. El déficit fiscal aumentará automáticamente cuando haya un ciclo económico recesivo y se necesite inyectar gasto público para aumentar la demanda; y descenderá, cuando la economía crezca y se necesite destruir dinero, para no generar presiones inflacionarias.
En un país que posee un determinado nivel de soberanía monetaria, como es el caso de Argentina, es posible financiar proyectos de inversión que generen empleos bien pagados y útiles para toda la sociedad. Tiene la moneda para hacerlo.
Un estado con soberanía monetaria como Argentina, puede inyectar en la economía el dinero que sea necesario, cuando el volumen de dinero en circulación sea muy inferior al que se precisa, para mantener el pleno empleo y la estabilidad de precios.
El DEFICIT PUBLICO ES EL SUPERAVIT DEL RESTO DE LOS ACTORES
DE LA ECONOMÍA
Por una identidad contable: Gastos = Ingresos
Es un principio contable muy básico:
el gasto de un agente es el ingreso de otro. Todo dinero que gasta el Estado es
un ingreso de las familias y las empresas. Lo que el Estado gasta otros lo
ingresan. El déficit del Estado actúa
como motor de la actividad económica. O sea el déficit público implica que
el estado inyectó dinero hacia el resto de los actores de la economía (Familias
o Empresas).
El Estado es
el único agente que puede mantener déficits sin quebrar y con capacidad de
proveer de superávit a los demás.
La deuda en moneda propia, entonces,
no actúa como una carga, sino como un mero registro contable de los fondos que
el sector público introduce en el sector privado. Cuando el estado tiene
superávit fiscal, implica que le sacó más dinero a los actores económicos, que
lo que les inyectó.
Si a un particular le retiene impuestos a las ganancias, le disminuye su capacidad de gasto o ahorro. Los impuestos a las empresas le disminuyen la capacidad de ahorrar o invertir.
El equilibrio fiscal es el nivel de gasto del Estado mínimo para no entrar en deflación. Si retira más dinero del que inyecta a la economía, disminuye la demanda, la actividad y el empleo. A medida que la economía crece, se necesita más dinero circulante, para que las transacciones puedan realizarse.
La emisión como contrapartida en la generación de riqueza, es virtuosa para la economía.
Cómo se ingresa el dinero en la economía sí importa. No es lo mismo ingresarlo generando trabajo, que pagando intereses. El gasto total de la economía, no debe ser ni más, ni menos, que el necesario para mantener la producción al nivel de pleno empleo, a precios corrientes.
El desempleo es la evidencia de que a la economía le falta circulante. Así, el desempleo es una decisión política, ya que el Estado no generó la demanda necesaria, en el sector privado, para que los privados hayan empleado a todos los trabajadores disponibles, y en consecuencia, no haya desempleados.
¿Cuál es entonces el sentido del déficit público? Garantizar la producción y el empleo cuando el poder adquisitivo no sea suficiente. “Lo que importa en la vida real es la producción y el empleo; el tamaño del déficit es una estadística de contabilidad”. Cada nuevo peso de déficit público es un nuevo peso de dinero en los bancos o en las familias. El gobierno que disfruta de un monopolio en la creación del dinero NO SE FINANCIA.
El pago de un gasto público simplemente genera una orden de transferencia del Tesoro al Banco Central, hecho que consiste en meros apuntes contables realizados con el teclado de una computadora. Tal es la operativa de nuestros sistemas monetarios. No se trata de una prescripción, sino de una descripción de nuestra realidad operativa. De la misma manera los impuestos simplemente destruyen el dinero creado en la fase de gasto, pues no son más que un apunte contable de signo contrario.
LA AUSTERIDAD FISCAL
La estabilidad de una economía no la configura la austeridad fiscal. No se debe recortar el gasto público y buscar la austeridad fiscal cuando la economía no crece. El gasto publico deficitario no genera presiones inflacionarias, ni aumenta la tasa de interés.
Si hay capacidad ociosa y desempleo, se puede aumentar el gasto; esto incrementa la producción y el empleo, y así el ingreso nacional. No es problema si el gasto se canaliza hacia la esfera productiva y a aumentar la productividad, a aumentar el PBI y la recaudación.
Un gobierno que controla la moneda no tiene restricciones financieras que limiten el gasto. El límite del gasto está dado por la disponibilidad de recursos vendidos en su moneda, o sea todo lo que el estado pueda comprar con pesos.
El gobierno al tratar de ahorrar, disminuye la demanda, el PBI y el ahorro. Hay que recordar que el gasto es el que genera el ingreso. Un gobierno soberano que controla la moneda y trabaja con tipo de cambio flexible, no tiene problemas financieros. Los opositores al gasto deficitario no consideran el impacto que éste tiene sobre la actividad económica.
Las políticas de austeridad fiscal y altas tasas de interés atentan sobre la capacidad productiva. La disminución del gasto contrae demanda y la actividad económica.
La austeridad fiscal es para generar condiciones de pago y estabilidad para ganar confianza con las calificadoras de riesgo y el capital financiero, para tener acceso a los mercados financieros externos. Nosotros no necesitamos eso. El costo de la austeridad fiscal y la alta tasa de interés, es menor crecimiento económico.
Abba Lerner afirma que la política fiscal no debe ser juzgada
por el tamaño del déficit, ni de la deuda, sino que debe tener en cuenta cómo
se desempeñan el sector privado y el sector
externo.
La austeridad fiscal
atenta contra el sector privado y el sector externo y sobre las finanzas
públicas, por lo que no contribuye a la estabilidad de la economía.
Al trabajar con austeridad fiscal la economía pasa a descansar en el sector privado y en el sector externo. Ni el sector privado, ni el externo pueden ser motor de crecimiento.
La austeridad fiscal contrae el mercado interno, disminuye el ingreso del sector privado, aumenta su deuda y disminuye la inversión.
El consenso de Washington, impuesto a la Argentina, conecta el gasto público a la recaudación de impuestos y a la emisión de deuda, pagando intereses. Esta es la causa del desempleo, la pobreza, el endeudamiento y la presión fiscal sobre la actividad productiva.
Un déficit presupuestario es un resultado, no un objetivo a lograr. Es una herramienta de política que se utiliza en la recesión. No existe el "gasto deficitario" que se pueda utilizar en una recesión o incluso en una crisis.
El gobierno usa los mismos procedimientos cuando gasta, sin importar cuál sea el resultado presupuestario. No lo sabremos hasta el final del año fiscal, ya que el resultado dependerá del desempeño de la economía. Y el gasto ya habrá ocurrido antes, incluso, de conocer el saldo presupuestario de fin de año. Las recetas del FMI, plantean la reducción del déficit público, con menos gasto público. Estas políticas traen menos demanda, más desempleo.
No se plantean un aumento de impuestos a los que más tienen o a los que más ganan. Es hora, entonces, de desafiar la noción que el dinero del gobierno es escaso y mostrar que los límites reales al gasto público son los recursos físicos totales de la nación, que son muy grandes y no las reservas en dólares. Es hora de desempolvar todos los proyectos productivos y ponerlos en marcha con el dinero del Estado.
La noción de que no tenemos capitales suficientes para encarar un proceso de desarrollo es falsa y tiene que ver con conceptos impuestos desde afuera, con la perversa cultura instalada desde la colonia, que llega hasta nuestros días, de pensar que no podemos usar nuestra moneda. La soberanía monetaria es un camino que debemos recorrer para alcanzarla plenamente. Todo lo cual nos dificulta a los argentinos emprender nuestro propio proyecto de País.
Por primera vez en muchos años, logramos que se acabaron las corridas cambiarias. Ya no nos vacían el BCRA con compras de dólares para ahorro y fuga. Ya no nos manejan el tipo de cambio. Sin embargo, todavía falta que lo asuman los economistas y los comunicadores. Y algunos funcionarios que aún no se dieron cuenta. ¿Alguien puede pensar que de haber podido hacer una corrida, no la hubieran hecho?
No tienen más la posibilidad de hacernos devaluar pero hablan como si la tuvieran. Aldo Ferrer nos decía “¿Cómo reactivar el mercado interno y fortalecer la posición de pagos externos cuando se ha perdido la autonomía de la política económica y la capacidad de orientar variables fundamentales como la tasa de interés y el tipo de cambio?”. Hoy controlamos el tipo de cambio y la tasa de interés la fija el BCRA. Esto quiere decir que controlamos los instrumentos para el despegue.
Debemos fijar la tasa de interés de 0% permanente, tal y como hace Japón y la mayoría de los países más desarrollados. Esta tasa será el motor de la economía, y la causa principal de la reducción de la inflación.
Resumiendo. Es hora de utilizar el gasto público para poner en marcha todos los proyectos productivos, y esto no generará presiones inflacionarias. La pandemia lo demostró en el mundo. La mentira de que el Gasto Público, contribuye a las presiones inflacionarias, cayó con la crisis del COVID.
Por Cesar Crocitta para Grupo Bolívar y Pymes para el Desarrollo Nacional. (26/7/2022)
Seguinos en Instagram:
Formulario de adhesión:
Forma parte de nuestra iniciativa transformadora


No hay comentarios.:
Publicar un comentario